miércoles, septiembre 27, 2006

Chris Isaak - Wicked Game

martes, septiembre 26, 2006

Creciendo

Se dice que a uno lo forma el barrio, la esquina, los pelotazos en la cara. Supongo que nosotros, los que sobrevivimos a los ochenta de García, también nos formó la leche ENCI, la luz de las velas y los cumpleaños con Yola. Nada como Yola para formar el caracter: quienes crecieron con las Nubeluz se sabían de memoria el evangelio del ruido, lo bonito y el aqui-no-pienso-porque-soy-feliz; pero crecer al ritmo de Yola Polastri era ver la decadencia día tras día, el paso del tiempo, la humedad de Bryce. Era resignarse a que todo acabaría mal, como el Yola Rocker dragqueenesco.

Crecí haciendo cola y mascando chicle Bomba, o sea algo así como prepararse para lo peor y aguantar a fuerza de repetir la misma vaina una y otra vez. Crecí siendo toxicodependiente: el olor al kerosene me atontaba cada vez que una torre era volada. Las combis no habían aniquilado a los "enatru" y El Comercio era un diario decente, sin horrores ortográficos ni Dominicales autocomplacientes. No habían aparecido Monica Chang, Laura Bozzo y un noticiero era cosa seria, no un concurso de labios.

En los noventas la cosa cambió. Visitaba el Centro de Lima para comprar cassettes Geffen piratas o cuerdas para mi guitarra. Siempre había una marcha del SUTEP y Wilson no tenía pata de palo y parche en el ojo, sino ruido a Nintendo, Contra y Mario Bros.

Se dice que todo eso nos forma, pero de ser así estaría escondido en lugares oscuros aspirando productos nocivos que me dejen tonto, soportandolo todo a fuerza de mascar chicle, y jugando Contra, una y otra vez.

lunes, septiembre 25, 2006

Vivanda: Los peores pimientos de Lima

En la universidad, aparte de leyes y reglamentos, aprendí dos cosas utilísimas: cómo alcoholizar a la gente, y cómo alimentar a un batallón y así sobrevivir a una noche de "investigación". Y es que, por lo general, ambas cosas se juntaban. No lamento decirlo: mis mejores trabajos y aquellas exposiciones más recordadas de los años sanmarquinos se cocinaron con el OH corriendo por mis venas, y algun bocadillo simplón en la boca.

Hace algunos días estuvimos con Ocram, CesarS y Javier conversando hasta altas horas de la madrugada acerca de la historia no oficial del Perú contemporaneo (y de algunas medias verdades del Internet, por supuesto). No sobrevivimos: resistimos. Y es que, como algunos huesos del cuerpo humano, nosotros fuimos lo que quedó de una reunión "chelera" mucho más grande y, al parecer, el hambre iba a acabar poco a poco con nuestros ánimos, incluso recién cuando empezabamos a calentar motores.

En mi ignorancia creí que podría revivir mis años no-tan-maravillosos y les convencí que con pocas cosas podríamos hacer algún bocadillo. Vivanda, esa tienda de eternos colores navideños, me tentaba a eso, y terminé siendo el único inútil de Miraflores que busca pimientos a las doce y media de la noche de un viernes ya disfrazado de sábado.

Lo que descubrí fueron los pimientos más verdecitos y más recíen arrancados de la tierra que pude imaginar. Pimientos puber, incapaces de ganarse un DNI a la mayoría de edad, tan inmaduros que hasta un vegano que se respete los devolvería al fundo o la chacrita. Por supuesto, mis futuros comensales me miraban tan extrañados como sorprendidos mientras rebuscaba el canasto de plástico en busca de algo útil.

El único pimiento medianamente aceptable era travesti: por fuera se veía muy lozano, pero por dentro estaba verde, con unas pepas inconmensurablemente blanquecinas. Pero bueno, algo es algo, peor es nada y finalmente Javier terminó por comerse los sandwichs alegando que le gustaba el pimiento, mientras Ocram se alarmaba por que sobre-cocinaba los panecillos en el microondas: supongo que recién ahora sabrá que estaba buscando que los pimientos del Vivanda den siquiera algo de sabr cocinandolos hasta que maduren.

jueves, septiembre 21, 2006

Un blog sin mucho sentido

Yo no soy muy bueno para contar mis desgracias o alegrías. Sin embargo a veces se puede, ¿por qué no? Así nace esta cosa, este blog... otro más. Ah, bueno, la verdad es que Apuntes Peruanos no soportaría cosas muy personales. Jeje!