martes, septiembre 26, 2006

Creciendo

Se dice que a uno lo forma el barrio, la esquina, los pelotazos en la cara. Supongo que nosotros, los que sobrevivimos a los ochenta de García, también nos formó la leche ENCI, la luz de las velas y los cumpleaños con Yola. Nada como Yola para formar el caracter: quienes crecieron con las Nubeluz se sabían de memoria el evangelio del ruido, lo bonito y el aqui-no-pienso-porque-soy-feliz; pero crecer al ritmo de Yola Polastri era ver la decadencia día tras día, el paso del tiempo, la humedad de Bryce. Era resignarse a que todo acabaría mal, como el Yola Rocker dragqueenesco.

Crecí haciendo cola y mascando chicle Bomba, o sea algo así como prepararse para lo peor y aguantar a fuerza de repetir la misma vaina una y otra vez. Crecí siendo toxicodependiente: el olor al kerosene me atontaba cada vez que una torre era volada. Las combis no habían aniquilado a los "enatru" y El Comercio era un diario decente, sin horrores ortográficos ni Dominicales autocomplacientes. No habían aparecido Monica Chang, Laura Bozzo y un noticiero era cosa seria, no un concurso de labios.

En los noventas la cosa cambió. Visitaba el Centro de Lima para comprar cassettes Geffen piratas o cuerdas para mi guitarra. Siempre había una marcha del SUTEP y Wilson no tenía pata de palo y parche en el ojo, sino ruido a Nintendo, Contra y Mario Bros.

Se dice que todo eso nos forma, pero de ser así estaría escondido en lugares oscuros aspirando productos nocivos que me dejen tonto, soportandolo todo a fuerza de mascar chicle, y jugando Contra, una y otra vez.

No hay comentarios.: